EXCELENTE EDITORIAL DE DL: Despilfarro de ricos. Un país rico puede soportar algún error, uno pobre no tiene derecho a convertir el dinero público en ruinas
La pobreza no se mide únicamente por la escasez de recursos, sino también por la facilidad con que se desperdician. República Dominicana, con necesidades en servicios básicos, mantiene millones de pesos y dólares pudriéndose en obras abandonadas.
El inventario resulta indignante. Un mercado de 16 millones de dólares, terminado y equipado, lleva catorce años cerrado en Villas Agrícolas. Un liceo de 24 aulas se convirtió en refugio de vacas en Los Peralejos. Una estancia infantil, construida en un 90 %, permanece paralizada desde 2014. A estos casos se suman la terminal de autobuses del Cibao, el mercado de Los Rieles, el antiguo edificio del IDSS y el Teatro Agua y Luz.
Cada administración anuncia rescates, prepara planos, promete presupuestos o atribuye la parálisis a litigios, deudas y trámites. Entretanto, el óxido avanza, la maleza crece y la factura de recuperación aumenta. Lo invertido pierde valor, mientras el Estado alquila oficinas, faltan aulas y comerciantes trabajan en condiciones antihigiénicas.
No basta con inaugurar. Gobernar también exige terminar, conservar y poner a funcionar. Cada obra inconclusa revela fallas de planificación, continuidad y responsabilidad institucional. Un país rico puede soportar algún error; uno pobre no tiene derecho a convertir el dinero público en ruinas. Despilfarrar así no es descuido, sino una forma imperdonable de empobrecer a quienes ya tienen poco.
Deja una respuesta