Deligne Ascención, vicepresidente del PRM con poderes especiales para operar la organización en nombre del presidente de ese partido y del país, Luis Abinader, durante la juramentación de las nuevas autoridades de la organización, estuvo de lo más sincero en su exposición ante la dirigencia.
No se sabe si fue sin querer queriendo, pero se le chispoteó. Deligne centró parte de su exposición para subrayar la importancia de la unidad para conservar el poder, lo que llama la atención, es que en un tramo hizo referencia a Hipólito Mejía.
“Debemos cuidar algo que nos ha permitido llegar hasta aquí, es la unidad del Partido Revolucionario Moderno; esa unidad no podemos darla por sentada, tenemos que cuidarla, es como Hipólito, como el cuidado que un agricultor tiene que darle a su cultivo”, expuso.
Dentro y fuera del PRM, los comentarios de la batalla que, supuestamente, están dispuestos a dar los Mejía por la candidatura presidencial, se ha tomado como referencia para una posible división. No se sabe si esa referencia de Deligne está orientada en esa preocupación.
La otra confesión de Deligne tiene que ver que la dirigencia y militancia del PRM no tiene expectativa de triunfo para las elecciones de 2028. Ese tema lo aborda constantemente el expresidente Leonel Fernández, que dice que los perremeístas se van a la FP porque no ven posibilidad para el 2028.
“En los últimos tiempos, estoy empezando a caminar el país, nuevamente, y he escuchado, con alguna recurrencia, una expresión, a veces con un tono de preocupación, dicen algunos compañeros, que el veintiocho no es el veinticuatro, tienen toda la razón, el veintiocho no es el veinticuatro, puede ser mejor que el 24… como no vamos a ganar en 2028, con experiencia de Estado, claro compañeros y compañeras que se puede”, dijo.
Lo más grave fue que la confesión del dirigente del PRM parece confirmada por las expresiones poco entusiastas que mostró la dirigencia de la organización durante ese evento. No se sabe si el clima tan caliente influyó en la falta de motivación o si efectivamente, es la prueba de la baja expectativa de triunfo que invade al partido oficial.
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